Cultura, arte y lujo de la mano de las marcas más exclusivas


Cultura de lujo

La relación entre arte y lujo está cosida por un pespunte más apretado que nunca. Los grandes grupos del Lujo repiten el mismo modelo: se pelean por poner en nómina a los creadores más ‘cool’, patrocinan importantes exposiciones y compiten por tener el museo con las mejores obras. ¿Estrategia de marketing o mecenas del siglo XXI? El arte es una necesidad para quienes lo hacen y lo practican –y hay muchas maneras de practicar el arte; desde tocando música o bailando hasta escribiendo en un periódico o haciendo pinturas malas el domingo por la mañana. Ahora bien, el arte es un lujo cuando se convierte en algo caro y excepcional, sea porque demanda un virtuosismo particular para ser producido o porque existe una competición entre compradores que hace que aumente su precio y sus exigencias. Esta afirmación la hace el célebre filósofo Yves Michaud quien afirma que es preciso distinguir bien entre el arte como práctica y el arte como objeto de consumo. Según las distintas culturas se hace hincapié en uno, en otro o en ambos. Entre las clases populares, la preferencia es la de la práctica: cantar en un orfeón, hacer teatro amateur; entre las clases más pudientes se prefiere consumir. A veces, ambas concepciones se reúnen; pensemos en la difusión y la práctica de la música entre la burguesía del siglo XIX en Europa.

La formación y la cultura nos permite valorar todo el lujo artístico del que vivimos rodeados, entender y valorar nuestra cultura, y en definitiva nuestro patrimonio. Es incuestionable que actualmente el lujo no es tan exuberante como en épocas pasadas y los creadores encuentran en ocasiones inspiración en el patrimonio español. Por ello es necesaria la conservación de nuestro patrimonio pero se plantea la pregunta sobre si esta preservación para generaciones futuras puede impedir a las actuales disfrutar de ello.

El futuro del lujo irá en dos direcciones; el de los objetos y el de las experiencias. El primero, porque habrá que diferenciarse. Los compradores chinos, por ejemplo, son poco sensibles hasta ahora a las experiencias porque en una sociedad “sin clases” lo importante es distinguirse. De igual manera, también los compradores japoneses son poco sensibles al lujo de las experiencias, en este caso porque su refinada cultura es ya una cultura de experiencias sutiles (la ceremonia del té, el arte del kimono, la artesanía…). Pero el lujo de experiencias se desarrollará considerablemente por tres razones: nuestra demanda insaciable de placer y hedonismo; nuestra capacidad técnica de inventar nuevas experiencias cada vez más sofisticadas y el hecho de que las experiencias son personales y, por ello, pueden ser declinadas de múltiples maneras y para todos los bolsillos (o casi): cada uno estará contento con las experiencias que le parecen lujosas, incluso aunque no lo sean para el vecino.

Un ejemplo de esto es la célebre y prestigiosa marca Hermés, un auténtico equilibrio entre Lujo, Arte y Cultura. Su colaboración con el artista Hiroshi Sugimoto fue un auténtico éxito hace unos años y la marca tiene una estrecha vinculación con el mundo artístico y cultural.