Grecia, un destino idílico que visitar

Hacía tiempo que tenía ganas de escribir este post. Por fin puedo compartir con vosotros uno de mis últimos viajes en familia que recuerdo y estoy segura que recordaré con mucho cariño. Seguramente sea por lo bien que lo pasamos, por los acompañantes y por un entorno mágico y lleno de historia: Grecia.

Entre los continentes de Europa, África y Asia, en este país la cultura y tradición de la civilización occidental se respira y admira en cada una de sus esquinas. Tanto sus ciudades como islas se han convertido en un destino turístico por excelencia, donde los museos y monumentos, el mar cristalino y su gastronomía cautivan creando un deseo de volver innegable.

1ª parada: Atenas

Nuestra aventura empezaba en la preciosa Atenas. Nada más llegar dejamos nuestras cosas y nos fuimos a la Ácropolis. Un sitio que sin duda hay que visitar, declarado Patrimonio de la Humidad, se encuentra a 156 metros sobre el nivel del mar, y puedo afirmar que impresiona tanta belleza y lo que representa. El teatro de Dionisio, el templo de Atenea Niké, el pórtico de las cariátides (columnas con forma de mujer) … cada uno tiene un encanto especial, pero mención especial merece el popular y mítico, nunca mejor dicho, Partenón. A pesar de estar en obras durante años los andamios no estropean esta preciosa joya arquitectónica.

Ese día dormimos en el Hotel Grande Bretagne, un hotel de película, que data de 1874. Uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, es un emblema que esconde tras sus paredes historias muy interesantes de la historia más actual. Su suelo de mármol y las columnas de inspiración neo clásica nos dieron la bienvenida a su impresionante lobby. Se encuentra en una zona estupenda, en frente de la plaza Sintagma o Plaza de la Constitución, lugar donde se encuentra el Parlamento. La decoración elegante y sofisticada reinaba en todo el edificio creando un ambiente exclusivo y de confort. Además la atención de su personal hizo nuestra estancia aún más agradable. Su desayuno con vistas al Acrópolis es sin duda uno de los mejores amaneceres. Otra recomendación para alojarse es el King George, justo al lado de nuestro hotel.

Al día siguiente, era hora de visitar Delfos, un pequeño pueblo situado en las laderas del Monte Parnassos, y en el que se encuentra el Templo de Apolo y su museo arqueológico en el que pudimos ver la escultura griega Auriga de Delfos, elaborada en bronce de tamaño natural.

Era el momento de hacer una parada para comer, optamos por el restaurante To Petrino, donde pudimos degustar platos de la gastronomía griega, que aunque recuerda bastante a la mediterránea por la calidad y sabor de las verduras tiene una influencia oriental y un poco más fuerte, que la hace diferente y deliciosa. Una buena elección que nos permitió reponer energía para el resto del día. Y es que ahora cambiábamos Atenas por Kranidi, una ciudad situada en la península de Peloponeso, que personalmente me gustó mucho. Más tarde leí que grandes personalidades,  entre los que se encuentran los reyes de Holanda, no pudieron resistirse a los encantos de esta ciudad y compraron una casa para veranear, y no es de extrañar. Para llegar a ella tuvimos que pasar por el Canal de Corinto, como si de una escena de película de época se tratase, impresionan las rocas que te envuelven mientras lo cruzas, más viendo lo estrecho que es, apenas 21 metros de ancho.

Kranidi y el Hotel Amanzoe

Durante cuatro días nuestra base fue el Hotel Amanzoe: un auténtico oasis, situado en lo alto de una montaña y rodeado de olivos y cipreses. Perteneciente a la prestigiosa cadena de hoteles Aman, cada detalle se cuida para garantizar una estancia de lujo inolvidable, en la que disfrutamos todos, niños y adultos, y eso es de las cosas que más valoro cuando decidimos viajar en familia.

El diseño del hotel es la representación más moderna de la arquitectura clásica griega. En blanco, lo moderno y luminoso predomina en cada una de sus estancias, todas ellas equipadas para garantizar una estancia en la que no falte de nada. Nosotros como éramos muchos reservamos uno de sus “pavilions” con unas vistas panorámicas de la naturaleza que lo rodeaba y el Mar Egeo, de las que jamás me podría cansar.

No todo iba a ser turismo, así que aprovechamos un día para disfrutar del The Amanzoe Beach Club para hacer algunas actividades como Windsfur o Kayaking. En cuanto a la cena fuimos a Spirandreas tavern, a unos 15-20 minutos del hotel, en Ermioni. Un lugar lleno de encano, al lado del puerto, donde sirven platos tradicionales de su cocina siendo el pescado fresco el protagonista indiscutible. Totalmente recomendable.

Al día siguiente fuimos a Micenas, una de las ciudades más importantes que hubo en la Antigua Grecia. Ahora un yacimiento arqueológico, mantiene parte de su estructura dándonos la oportunidad de imaginarnos como era en aquella época: La puerta de los Leones, te da la bienvenida con su más de 3 metros de ancho y largo, o  La tumba de Agamenón son algunas de las interesantes cosas que admiramos durante nuestra visita.

En este post no podría pasar por alto nuestro almuerzo en Savouras situado en Nauplion, una ciudad romántica y con una belleza espectacular. Esta “taverna griega” es un clásico de la ciudad, situado en el casco antiguo está especializado en pescado que pescan a diario en la zona. Uno de los mejores restaurantes de este viaje, la langosta con spaghetti es una apuesta segura.

Fue un viaje en el que aprovechamos al máximo cada día, intentando ver todo lo posible pero sin agobios y disfrutando de cada momento.

La isla de Spetses

Los último cuatro días de nuestro viaje los pasamos en la isla de Spetses, en el Hotel Poseidonion (abierto desde 1914), con un estilo propio de los hoteles de la Riviera francesa, el edificio se impone en la ciudad. Tanto en su exterior como interior la elegancia y el glamour son evidentes, y es que este hotel nació como residencia de verano de la aristocracia griega. Las vistas desde sus habitaciones son indescriptibles, se puede admirar el puerto de Dapia y su mar infinito. Para las más curiosas esta fue la isla donde se casó Nicolás de Grecia con su ahora esposa Tatiana Blatnik.

En esta isla, las scooter son el medio de transporte por excelencia, así que no pudimos resistirnos a recorrer la isla como si fuésemos propios de la zona.

¿Dónde comer en Spetses?

  • Exedra, situado en el puerto antiguo de Spetses, si al igual que la mayoría de los restaurantes que os he mencionado, su fuerte son los platos de pescado, pero para los amantes de la carne se convierte en el lugar perfecto por su amplia y deliciosa variedad.
  • Mourayo, un clásico de la isla, sus visitas son el mejor escenario para degustar los sabores más auténticos de la gastronomía griega. Lo mejor es ir a cenar, se crea un ambiente festivo estupendo, pudiendo cenar y luego disfrutar de buena música y una copa.

El segundo día en esta isla lo aprovechamos para pasar el día en la isla de Hydra. ¡Una auténtica maravilla! Pintorescas casas, calles estrechas y numerosas tiendas, restaurantes y galerías en los que es difícil no detenerse. En esta isla están prohibidos los vehículos, sólo los burros y los taxis acuáticos. Tranquila y muy cuidada cautiva a primera vista.

Xeri Elia, también conocida como, Douskos Tavern, era una parada obligatoria, ya que se trata de una de las “tavernas” más antiguas de Grecia, lleva sirviendo y deleitando a sus visitantes desde hace más de 200 años. En un patio abierto, los árboles que la cubren y las velas en las botellas de vino que crean un ambiente estupendo en el que no falta la música tradicional griega.

Sin duda, fue un viaje para disfrutar en familia en el que conseguimos combinar el turismo con el ocio, siendo la bella Grecia testigo de ello. Así que si tienes en mente un viaje y aún no sabes cuál es tu destino… que mejor opción que ésta.

 

 

 

 

 

 

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