"La Vie est Belle" y la sonrisa de Julia Roberts

Hoy es un día muy especial porque alguien a quien quiero mucho celebra su cumpleaños. Y este es mi pequeño homenaje…recordarle que La Vie est Belle y que siempre siempre hay que sonreir.

Ayer estuve comiendo con dos amigas, Cristina y Elena. Me pedían que volviera a ser más “personalista” en mi blog e incluso insistieron en que colgara mi foto. Comentaban que la gente tiene que ver quién está detrás de un blog para saber a quién sigue porque no puedes seguir a cualquiera. En su caso, como son amigas, son incondicionales y me siguen. Me aseguraban que aquellos que no me conozcáis, que si os enseño mi foto y os hablo de mí, me seguiríais. Yo creo que es cariño de amigas. Las prometí que al o mejor en un futuro próximo. Tal vez.
No me gusta ser tan personalista en esta especie de diario que os escribo cada día.
Creo que si me leéis, a poco que lo hagáis, podéis descubrir de una forma más sutil cómo soy. Tampoco me gusta ser yo quien me describa, creo que eso os toca a vosotros.
Y hoy os quiero hablar un perfume muy especial. Ya os he hablado miles de veces de mis perfumes, de mis olores, de lo que me gustan y lo que importan.
Hoy quiero contaros mi último descubrimiento.
Ya sólo su nombre me gusta. Se llama La Vie est Belle. Parece hecho para mí. Una especia de himno que siempre trato de aplicar cada día en mi vida.
Es el último perfume de la casa Lancome. Y es sofisticado y elegante, pero sobre todo, tiene mucha personalidad.
Me vuelve loca que su imagen sea Julia Roberts porque ella me inspira siempre una sonrisa, una sonrisa que me recuerda a la de la publicidad de este perfume. Una sonrisa que implica muchas cosas y que en poco espacio transmite todo.
Pero es que el frasco es también una sonrisa. Siempre os cuento que para mí la sonrisa es una de las cualidades más importantes de una persona. Me gusta sonreir y que me sonrían. Me parece el mejor regalo.



Declaración Universal del Derecho a la Felicidad

“Porque afecta a lo que es más personal e íntimo, el perfume no es sólo una fragancia, un frasco o un sueño: es también, por encima de todo, una convicción. Una convicción que no es una promesa ni una invitación sino más bien un punto de vista sobre el mundo que nos rodea.

De ahí la pregunta: ¿cuáles son los valores actuales? 

El triunfo del ser sobre el tener y el parecer.

La vuelta a lo esencial. La búsqueda de sentido. Del sentido de uno mismo. Una nueva era que materializa el rechazo a un mundo chapado en oro, a un mundo inmovilizado por sus dictados: el dictado de la moda, del vil metal, de lo sexy a cualquier precio…
Lancôme, desde siempre, ha sabido mantener con las mujeres un profundo vínculo, sincero, respetuoso, inspirador: un vínculo que engrandece. Un vínculo particular en un mundo marcado por las relaciones de interés y de poder.

Lejos de cualquier tipo de exceso; lejos también de las reglas del mainstream que se promulgan a diestro y siniestro desde hace treinta años, la feminidad Lancôme se vive más que nunca libremente con el “less but better” (menos pero mejor), con una belleza que no agrede; una especie de soft power de la belleza.
Esta feminidad, universal y personal,  se vive como una elección y no como una imposición. La elección de la propia persona, la elección de lo que es mejor para uno mismo. Encontrar su propio camino, su felicidad, su luz.

Para Lancôme, « La vie est belle » es el manifiesto de esta nueva era, una declaración al mundo, una declaración hecha de encanto, luz y libertad.

Perfume dotado de una conciencia y de un alma, « La vie est belle », es antes que nada un elección. La elección de vivir la propia vida, de embellecerla, a su manera.

Ésta es una convicción que Lancôme viene madurando desde hace mucho tiempo y que comparte hoy con todas las mujeres a través de una excepcional creación. El perfume de la felicidad, la sonrisa y la libertad. ¡El perfume que embellece la vida! »

FELICIDAD
¿Renunciar o elegir?

By Vincent Cespedes*

La auténtica felicidad comparte con la luz la misma propiedad turbadora de ser al mismo tiempo una onda y una partícula.
Onda de encanto: se comunica con levedad, se propaga con gracia, por poco que nos veamos expuestos directamente a ella: a semejanza de una sonrisa o de un rapto de amor.

Partícula de placer: nos deleitamos con este elixir de Juventud, que envuelve nuestro espíritu de una dulce embriaguez capaz, misteriosamente, de hacernos más lúcidos.

Una felicidad como ésta no se expone ni se reclama; se baila (onda) y se saborea (partícula). No se somete a ningún encantamiento: se encarna profundamente en un cuerpo sensible que la recibe y la difunde. No se persigue: se elige.

La predisposición a ser feliz: he aquí sin duda la revolución existencial,  balsámica y curativa que llevan a cabo las mujeres de los años 2010. Ser totalmente felices, es decir, totalmente libres, libres de las quejas sempiternas y de los miedos complacientes, en permanente búsqueda de sentido pero totalmente deslumbradas por la vida. « Hay que aprender a moverse por la luz », les aconsejaba María Zambrano, filósofa de pensamientos brillantes. Hoy, ellas han aprendido.

Cuando vivir se convierte simple y llanamente en una adicción, la felicidad está a la vuelta de la esquina, y es entonces cuando buscarla resulta inútil. La menor experiencia alcanza la fascinación del sueño. Las emociones respaldan la inteligencia, facilitan la presencia de ánimo y hacen latir un poco más fuerte el corazón.

La felicidad elegida por las mujeres de hoy día es una opción filosófica radical, en las antípodas de la felicidad esperada de sus hermanas mayores, siempre a la defensiva-princesas en pie de guerra a la búsqueda del Príncipe Azul. En las antípodas, también, de la felicidad ascética de sus madres, hecha de compromisos más o menos inconfesables, de renuncias, de abnegaciones.

No, las mujeres felices de los años 2010 asumen la carga eminentemente subversiva de la felicidad, que escandaliza en un mundo en el que muchos afirman desearla aunque sus actos les contradigan, porque se sale de la normalidad establecida, creando vías inéditas, una vida más intensa, relaciones profundamente fértiles.

Y si les pidiéramos a las mujeres de hoy día su receta para la felicidad, seguramente podrían responder como la conclusión de la autobiografía de Henri Lefebvre, visionario de la vida: “Le añadimos a la existencia un toque de “je ne sais quoi”. Un condimento, un perfume. Un encanto. Sin ese encanto, sin ese algo, nada merece ser vivido. ¿No lo entiende?”

*Filósofo y autor de obras notables como el « Mágico estudio de la Felicidad » (Larousse, 2010) y el « Juego del Fénix » (Flammarion, 2011)

A lo largo de las feminidades…

En el último medio siglo, la identidad femenina ha experimentado un profundo cambio. Las principales actrices de este cambio han sido ellas mismas, las mujeres, que han superado etapas espectaculares, decenio tras decenio, a la conquista de la igualdad. Hasta que los años 2010 abrieran la vía a una nueva era: la de la realización personal, la realización de uno mismo. En una palabra, felicidad.

El tiempo de las liberadas

Feminismo, libertad, liberación: los años 70 ven a las « housewives » rebelarse para zafarse del corsé social dominante. En pantalón masculino o con túnicas floridas, versión rock o hippies,  ellas revolucionaron los códigos y se reafirmaron en sus elecciones,  irrumpiendo de manera estrepitosa en mundos con sabor a paraíso que les estaban prohibidos hasta entonces.

A la conquista del poder

Años 80. En su búsqueda de la igualdad, el objetivo último es el de acceder al poder, ese que se ejerce de día. Ahí están desde entonces a los mandos, esas damas de hierro y otras « chicas trabajadoras » que no tienen miedo a asumir demasiado, haciendo malabarismos con los excesos. Las espaldas se fortalecen a base de hombreras XXL, las joyas se agrandan, los tacones se alargan hasta el vértigo… mientras, Helmut Newton fotografía a estas nuevas amazonas de combativa sensualidad.

El minimalismo como seña de identidad

Tras un decenio en el que se han difuminado las fronteras entre hombres y mujeres, los años 90 se inscriben lógicamente como la era de la búsqueda de la identidad:  entre confusión de los géneros y pérdida de los referentes, la androginia se afianza sobre un fondo de estética minimalista. La silueta desaparece, las formas se deforman, ya no existen códigos distintivos, el individuo se convierte en generación. Los colores se difuminan, se anulan, hasta ser sólo blanco y negro. Las mujeres se reinventan delgadísimas y se manejan con lo mínimo. Less is more.

El triunfo del materialismo

Años 2000. Cansadas de la nada, las mujeres recuperan el gusto por el todo. Sobre un fondo de individualismo manifiesto, ahora adoran adornarse con oro y logotipos para destacar más, hasta convertirse en lo que poseen. El momento viene marcado tanto por el zapping como por la acumulación, por el consumo y por las satisfacciones inmediatas. Hay que poseer, hasta el éxtasis, sin temor a mostrarlo… Se hace alarde de su riqueza, de sus éxitos de forma ostentosa, y todos estos triunfos hay que festejarlos y reivindicarlos siempre en público. He aquí las nuevas condiciones sine qua non del placer y de la voluptuosidad. Un nuevo código de la feminidad.

El inicio de una nueva era

Años 2010. Julian Barnes recibe el Booker Prize por su novela titulada « The Sense of an Ending »… La época se halla en un momento crucial, ya que por más que las mujeres lo tengan todo, no dejan de buscar. Han desempeñado todos los papeles: madres y esposas, artistas, dirigentes, amantes… Han llegado allí donde nunca las hubiéramos imaginado, pero también han ido comprendiendo progresivamente que la felicidad no está forzosamente donde pensaban que la encontrarían. Ahora ya saben que los modelos no están hechos para ser imitados, que la felicidad se vive a medida y no en prêt-à-porter. Que liberarse es esencial para realizarse. Es el discreto triunfo del ser sobre el tener o el parecer. Son ellas quienes diseñan la vía de una felicidad hecha a base de atajos, de caminos a veces inesperados, de nuevos senderos que serán las primeras en emprender. « Less but better » se convierte en una nueva filosofía de vida. Lejos de las obligaciones, de los dictados, cada mujer desea elegir su propio camino hacia la felicidad. Elegir, ser en definitiva ella misma, vivir plenamente una feminidad consentida, permitirse la libertad de poseer menos bienes, desempeñar menos papeles pero poder elegir lo mejor de cada uno de ellos, la quintaesencia. Un largo y hermoso recorrido. Una nueva era que apenas comienza.

La vie est belle

« La vie est belle », afirma el nuevo perfume Lancôme.
No hay ninguna pretensión en esta declaración de una simplicidad luminosa, sino la más bella y límpida de las evidencias. Un perfume portador de sentido, con una conciencia, un alma.
« La vie est belle » posee la sencillez de lo verdadero, de la sinceridad, como la belleza a la francesa, ese famoso « je ne sais quoi » de luz, más allá de la belleza.

« La vie est belle » conjuga a la vez la riqueza y la quintaesencia.

Si « La vie est belle », es porque la hemos elegido, pero también porque la hemos deseado. No hay obligación ni camino impuesto, y más que de una constatación se trata de un paso, de una manera de avanzar, de elegir lo que es mejor para cada uno. Una manera de afrontar cada día, cada oportunidad con su propia sensibilidad. Cada cual busca su propia felicidad y la compone a su manera. Es entonces, cuando la vida se vuelve más bella.  Mi vida es bella porque la he elegido así.

« La vie est belle », es una búsqueda. La afirmación de mujeres seguras de sí mismas porque han aceptado dudar; de mujeres que saben lo que buscan y que están dispuestas a poner los medios necesarios para encontrarlo. Dispuestas a cuestionarse. Mujeres para las que la duda no es una debilidad sino una expectativa, una aventura. Mujeres que saben escoger su campo: no el de la promesa y las quimeras sino el de la experiencia, con el paso de los días y los años. Helas aquí priorizando el « menos » ─a condición de que vaya acompañado de lo « mejor »─, ofreciendo a su existencia la dulzura de lo « slow ». Less but better.
« La vie est belle »: una idea vívida, vibrante, como una convicción interior, proclamada como una fórmula mágica. Sí, « La vie est belle » para aquellas que han sabido liberarse de los dictados y de las obligaciones de felicidad prêt-à-porter que les habían impuesto: las del too much de la apariencia, de la perfección impuesta, del éxito a cualquier precio o del multitasking impuesto.

Estas mujeres están en todas partes, en toda su diversidad. « La vie est belle » es su mantra.

Porque « La vie est belle » se estrena.
Porque « La vie est belle »  da alas.
Porque « La vie est belle » es un comienzo. Una nueva era.
La de la felicidad conjugada en presente que abraza el futuro. Como este perfume que despierta todos los sentidos y cuya estela bien podría ser la prueba, inmaterial aunque cautivadora, de una felicidad alcanzada.
« Walk on the bright side of life ». Entrar en la luz…

Un perfume luminoso y con alma 

Escribir una nueva historia olfativa, sublimar las más bellas materias naturales para que vivan plenamente, poner el alma en ello…  Todas ellas declaraciones de intenciones, preámbulos para la creación de esta fragancia.

Por primera vez, tres de los más grandes perfumistas franceses han unido sus talentos para elaborar una fragancia excepcional: Olivier Polge, Dominique Ropion y Anne Flipo.

Su manifiesto olfativo: crear el primer iris goloso femenino. Atreverse a romper los códigos para inventar una firma olfativa casi inclasificable, entre luz y sombra. Una fragancia sorprendente que lleve la huella de cada uno: la creatividad de Olivier Polge para una elegancia profunda, estructurada; la virtuosidad técnica de Dominique Ropion para originar la chispa de la vida por la gracia de las flores; la feminidad radiante de Anne Flipo para un resplandeciente toque de alegría de vivir.

Recuperando el arte original del perfume, optaron por la fuerza de la sencillez.  Nada de base prefabricada, únicamente materias puras, no ingredientes artificiales. Una fragancia « quintaesencial », liberada de lo superfluo, cuya firma está compuesta únicamente por 63 ingredientes para que cada uno se exprese plenamente. Less but better. Un ejercicio tan complejo que ha necesitado al menos 5521 versiones y tres años de trabajo antes de que el alma y la luz eclosionaran: el equilibrio perfecto entre estética, poder y remanencia. Un equilibrio de una rica simplicidad, donde se mezcla la rara nobleza del iris, la turbadora profundidad del pachulí, la deliciosa regresión de un acorde goloso.

Para dotarlo de un aura, de una estela irresistible, ha sido necesaria una sutil alquimia entre la magia de la ciencia y el talento de los perfumistas. Los ingredientes han sido seleccionados uno a uno entre las materias más nobles de la perfumería, y después han sido depuradas, sublimadas o intensificadas –siempre preservando su esencia- con ayuda de las tecnologías más punteras en perfumería.

La columna vertebral de la fragancia, el iris, ha sido reinventado para que adquiera mayor amplitud. Éste se expresa generalmente en el corazón, pero en este perfume se expande de manera inédita, de la primera a la última nota.
Una dosificación precisa que mezcla la profusión de un concentrado de iris Pallida de Florencia*,  uno de los ingredientes más escaso y más caro de la perfumería, con un aura de irona, envueltos en la voluptuosidad del aldeído iris. Para iluminar e intensificar este corazón floral, se han añadido unas notas de jazmín Sambac y de flor de naranjo de Túnez, en forma de los más sublimes concentrados.

Además, se fraccionó la excepcional esencia de pachulí Indonesio para conservar únicamente su quintaesencia, la fracción más pura, el « corazón del pachulí » como lo denominan los perfumistas, para que exalte toda su fuerza, su poder y su profundidad.
Por fin la sonrisa, la faceta azucarada y golosa, el destello inesperado. Como un algodón de azúcar hecho de notas de vainilla, haba tonka, praliné, grosella y pera, llega para envolver estas refinadas esencias y ofrecerles una infantil inocencia.
Auténtico concentrado de lujo, « La vie est belle » contiene cerca de un 50% de ingredientes naturales**, una dosificación que apenas se autoriza hoy día en perfumería, para el que es sin lugar a dudas nuestro perfume más excepcional. Un perfume claroscuro, que conjuga riqueza de contrastes y quintaesencia de la materia para exaltar la luz más hermosa. Una fragancia que abre las puertas de una nueva era, la de la riqueza esencial, la de la « La vie est belle ».

* Los rizomas tienen un rendimiento extremadamente débil en un concentrado. Además, tienen que permanecer como mínimo 9 meses en reposo en “incubadora” para que se desplieguen todas sus facetas olfativas.
**En valor. 8,9% de volumen.

El frasco, sonrisa radiante y luz cristalina

¿Y si la felicidad pudiera encerrarse en un frasco?

En 1949, Armand Petitjean, fundador de Lancôme, pidió a George Delhomme, su director artístico, que realizara un frasco que simbolizase el aura de las mujeres y que tuviera ese « je ne sais quoi » que les da tanto resplandor… Tras numerosos esbozos, Georges Delhomme dibujó finalmente la quintaesencia de la felicidad: como si la gracia de una sonrisa se inscribiese en el cristal. Un frasco que ha permanecido durante  mucho tiempo en los archivos de la Casa Lancôme…
Denominado « Le sourire de cristal » (“The crystal smile”), 63 años más tarde encuentra todo su sentido con « La vie est belle ».

Reinterpretado con una estética decididamente contemporánea, es como la imagen de una mujer libre y feliz. Sorprendente y único…  Ha hecho falta más de un año para lograr lo imposible y resolver la cuadratura del círculo: la impronta redondeada de una sonrisa puesta en el centro de un cubo de cristal. Un año para diseñar su perfil femenino de curvas delicadas, para recortar sus ángulos facetados, para darle vida. El último toque de refinamiento: un lazo de organza gris perlado se anuda alrededor de su cuello como dos alas de libertad.

¿Y si la felicidad hubiera sido capturada por fin en un frasco? La vie est belle… 


Julia Roberts o la feminidad feliz

Si la belleza con alma es por esencia indefinible, ella podría ser su perfecta encarnación,  la primera en la que pensaríamos, su más evidente embajadora. Los comités de sabios, reunidos para redactar los diccionarios de referencia, podrían simplemente imprimir su nombre como primera entrada de « feminidad ». También podrían recordarlo en la entrada « sonrisa », añadiendo simplemente: véase Julia Roberts. También en la entrada de « realización ».

Ella podría resumir a todas las mujeres, con toda su verdad y en toda su diversidad. ¿Misión imposible? Julia Roberts lo cumple casi a su pesar, a su modo, dulce, alegre y generoso. Ella ha encarnado a todas las mujeres en los diferentes papeles que ha interpretado.¿ Cuál es el punto en común de una trayectoria tan atípica? La sinceridad. El compromiso. La libertad de elección, el rechazo a una carrera diseñada. Una manera única de abrazar todos los papeles.

Permanece esa aura inalcanzable, ese encanto inmanente, ese destello luminoso  que sitúan a Julia Roberts en el panteón de las auténticas estrellas del celuloide. Como burla maliciosa a los códigos de la Charity, sus compromisos son también discretos. Cuando se presenta ante el Congreso estadounidense para desbloquear fondos para la investigación del síndrome de Rett, una enfermedad neurológica, como cuando presta su colaboración a « Hole in The Wall Gang », una de las mayores organizaciones mundiales que ayudan a los niños enfermos,  el cotilleo no está nunca en su agenda.

Desde hace dos años Julia Roberts ha decidido asociar este resplandor fuera de lo común a Lancôme. Ella abraza hoy un nuevo universo, el del perfume. « La vie est belle »: es lo que clama al unísono con el nuevo perfume Lancôme, esta trayectoria tan única como sensacional. A imagen de cada uno de sus personajes, la vida es plural, cambiante, hecha de sorpresas y situaciones inesperadas.

Y, ¿quién sino esta personalidad luminosa podía transformar esta promesa-la libertad para ser una misma y para escoger su propia vida- en un hecho, en una declaración de felicidad?

Un gran talento creativo para poner en escena « La vie est belle »

Con el director Tarsem Singh detrás de la cámara, Lancôme firma una campaña publicitaria que hará época. Una auténtica declaración al mundo…

Tarsem Singh
Aclamado por su dominio de las luz y los colores, unánimemente reconocido por la pureza visual de sus imágenes, su agudo sentido de la puesta en escena y su inteligencia para manejar los símbolos profundos, el director Tarsem Singh firma la película « La vie est belle ».

Nacido en la India, en el Estado de Punjab, este joven prometedor se instala primero en Harvard, acariciando sueños de imágenes y de dirección. El sueño se hace realidad cuando decide continuar sus estudios en el Art Center College of Design de Pasadena, en la costa Oeste de los Estados Unidos. Descubierto por el grupo R.E.M., pone su firma al videoclip de « Losing My Religion », rápidamente catapultado a lo más alto de las listas internacionales de éxitos. Su imaginario onírico, la elegancia de su fotografía, el ritmo en la sucesión de los planos, el trabajo con la luz y los colores le valieron seis MTV Video Music Award, entre ellos el de « Vídeo del Año » (1991). Tarsem Singh ha firmado después varios largometrajes con  una estética especialmente cuidada, como son « The Cell » y « The Fall ». Cercano a David Fincher, colaboró en la dirección de « The curious Case of Benjamin Button », y reunió a Stephen Dorff, Freida Pinto y Mickey Rourke en su tercera película, « Los Inmortales ». Cómplice de Julia Roberts, ha dirigido a la actriz oscarizada en « Mirror-Mirror », una comedia de fantasía inspirada en los Hermanos Grimm.

Diario de rodaje

29 de febrero de 2012, Los Ángeles. El sol ilumina las letras blancas de Hollywood. A algunas millas de allí, en los míticos estudios de cine Universal, decoradores y técnicos se agitan desde hace días. Se están preparando para el rodaje de la película « La vie est belle ». ¡Luces, cámara, acción!

No es una velada como las demás: lo cierto es que se trata de la más esperada del año Todos y todas parecen haberse preparado para ello desde hace tiempo. Los invitados se agolpan en el inmenso salón de una magnífica casa parisina. La decoración es de una sofisticación extrema: molduras haussmannianas de antracita y plata, inmensos espejos facetados, suntuosas lámparas de araña , parqué oscuro… La gente se agolpa. Los hombres visten de negro oscuro y las mujeres de largo. El moaré de seda brilla; las joyas relucen. Todo parece perfecto. Demasiado perfecto. La perfección no tiene alma… El ambiente está cargado, cada palabra se sopesa y cada gesto está calculado. La comedia humana en todo su esplendor. La feria de las vanidades en su máxima expresión. Y su decadencia.

Fuera, ha anochecido. La opulencia y la voluptuosidad parecen difuminarse. La gente sigue cruzándose, saludándose. Sin verse. La velada acaba de empezar, y todo el apartamento está invadido por un lujoso y falso ronroneo. De pronto, ella se abre paso entre la gente. Sólo se la ve a ella. Todos van vestidos de negro. Ella resplandece con un vestido luminoso. Está aquí, aunque parece estar fuera de allí, enfrentada con otra realidad. Su presencia magnética atrae e imanta las miradas. Ella irradia el encanto de lo auténtico, un resplandor singular. El aura que la dota de un « je ne sais quoi » la transforma en una mujer increíblemente viva. No parece querer prestarse al juego de los convencionalismos. Ellos permanecen encorsetados y ceremoniales, mientras que ella avanza con una gracia incomparable.

Al pasar frente a un espejo, se para y la expresión de su rostro cambia. En el reflejo, no se mira a sí misma, sino al resto. En su mirada se traduce la sorpresa de quien ha descubierto la realidad. Es la toma de conciencia de quien ha visto, de quien sabe. El espejo actúa como una revelación… En las muñecas de todos ellos advierte hilos de strass que guían sus más mínimos movimientos. Sin embargo, nadie es consciente de estar siendo manipulado o de estar sujeto así a las normas, los dictados y las convenciones, al dinero, al lujo ostentoso. Ella descubre entonces esos mismos hilos en sus propias muñecas. Con un gesto airoso y esbozando una sonrisa se deshace de ellos para encontrar su felicidad. Seguir su curso y elegir su propio camino.

En ese momento todo se precipita. Ella se quita sus zapatos de tacón de aguja, sintiendo de nuevo el suelo bajo sus pies y comienza a subir uno a uno los peldaños de una escalera de luz que la lleva hacia su felicidad. La vida. La vida real. Una última mirada y una última sonrisa a esa feria de las vanidades. La más suntuosa, radiante y bella sonrisa del mundo: la que sale del corazón. La vie est belle… O el triunfo del ser sobre el tener y el parecer.

¡Corten! Claqueta final de la película manifiesto de una nueva era, portadora de sentido, sublime y subliminal. Un joyero para Julia Roberts y los valores que ella encarna, que dejará a cada cual la libertad de elegir su propia visión de la felicidad. Su propia expresión de « La vie est belle ». Una nueva manera de pronunciar Lancôme…

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