Mi 2019 en clave de viajes únicos

Año tras año, y parece que se ha convertido en una tradición, me gusta dedicarle uno de mis últimos post a los viajes que he hecho durante estos 12 meses. Una viaje de vuelta que me inspira y me llena de buenos recuerdos, y es que al final los viajes son experiencias, son canciones, son aromas, son compañías, son descubrimientos…nos permiten adentrarnos en culturas y tradiciones diferentes, ver otros puntos de vista, en definitiva, enriquecernos.

Este año, no empezó de la mejor manera, y a pesar de que el destino era idílico, una lesión de rodilla, condicionó un comienzo de año duro, en el que la paciencia y la persistencia se convirtieron en mis mejores aliadas. Zermatt me debe una y prometo volver para quitarme este “mal” recuerdo, porque a pesar de todo, es innegable la belleza de una de las mejores estaciones de esquí del mundo. Ubicada en el Monte Cervino, sus imponentes montañas crean un ambiente de lujo para los amantes del esquí y también para aquellos que buscan disfrutar de un paisaje invernal exclusivo y de confort. Sus restaurantes, sus tiendas, sus après-ski son el mejor reclamo para los viajeros más sibaritas.

La rodilla, me había inmovilizado por completo, aunque los que me conocéis sabéis que no puedo estar quieta ni un segundo, por lo que tras la operación, los entrenamientos y el trabajo con mi súper equipo, hizo que llegase a mi meta en las mejores condiciones: Japón. Un viaje que llevaba mucho tiempo organizando y el cuál me apetecía mucho ya que era una escapada en familia a un país que tenía mucho que descubrirme, y así fue. Una combinación sublime de lo más actual combinado con lo tradicional y ancestral tan propio del país nipón. Tokyo, fue nuestra primera parada, un ritmo frenético que te atrapaba  y que resultaba excitante y atractivo, muchas luces y una oferta de lo más variada, altos edificios, y una presentación del lujo totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados, pero cuya fórmula funciona. Ginza es uno de los mejores ejemplos, una zona donde lujo y arquitectura se juntan para ofrecer un espectáculo para los sentidos.

No podíamos visitar Japón y no ir a Kioto, una ciudad que materializa la historia del país manteniendo su esencia: templos, santuarios y que enamora por su belleza natural. Pasear por esta ciudad era desconectar de mi día a día, sintiéndome un poco más del país nipón, pudiendo adentrarme en el mundo de las geishas y todo el arte que desprende Kioto. Además, durante los días que estuvimos, Sufran Kyoto fue nuestro refugio, rodeados de cerezos, pudimos disfrutar de un ambiente cautivador tradicional con influencias occidentales. Sus jardines japoneses eran una maravilla que invitaban a pasear durante horas.

Fiel a los hoteles Aman, durante nuestra estancia en Japón, nos alojamos en Amanemu, ubicado en el Parque Nacional Ise-Shima, es un destino en sí. Una manera de conectar con la naturaleza y la cultural del país, un lujo sin pretensiones, con vistas a la bahía Ago, que invita a disfrutar de una experiencia única siendo las aguas termales uno de sus mayores atractivos.

Más tarde, mi destino volvía a ser un Aman, esta vez, el de Venecia. Una escapada de apenas unos días que sirvió para recargar energías en medio de un mes que se preveía muy intenso y con mucho trabajo.  Volver a Venecia siempre es una gran idea, y si es verdad, que la ciudad ha sufrido mucho durante este año con las inundaciones, algo tiene que siempre me enamora. Cada esquina de la ciudad de los canales es una obra de arte y el hotel Aman de Venecia también cumple con esta premisa. Se trata de uno de los ocho grandes “palazzo” en el Gran Canal que data del siglo XVI y cuyo estilo se inspira en la época renacentista y barroca con un toque rococó espectacular.

En el interior, es imposible no quedarse embelesado con sus frescos y las obras de arte que conviven en una presentación del hospedaje de lujo más actual y contemporáneo. Durante mis días en la ciudad italiana no faltaron los caprichos tanto dulces como salados, el restaurante con estrella Michelin, Glam, es sin duda, una apuesta segura.

El verano perteneció a Tailandia. Un país vibrante, lleno de vida y color, en el que disfrute como una niña. Un lugar al que hacía más de 15 años que no volvía y con el que deseaba reencontrarme confirmando porque hasta ahora me había dejado con ganas de volver.

Mallorca puso el broche final al verano. La isla mágica del Mediterráneo, es una joya que muchas veces no valoramos lo suficiente, sus calas, su clima y su ambiente es ideal para unas vacaciones en familia, por eso, no dudamos en pasar unos días ahí, concretamente en el maravilloso Sheraton Mallorca. Un hotel de lujo pensado para que todos disfrutemos de la estancia y donde el golf, fue el acaparador de la mayoría de nuestro tiempo. Pero que felicidad ver a los más pequeños disfrutando de este deporte en un escenario tan idílico.

Pero no todo iba a ser sol y Mediterráneo, una de nuestras últimas escapadas fue a Estocolmo. Capital europea que me enamoró. Algo totalmente diferente y a pesar de que pasamos mucho frío, nos mostró su cara más romántica y bonita. Moderna y avanzada es como muchos la describen y solo hace falta poner un pie en ella para darse cuenta. El casco antiguo, Gamla Stan, es espectacular, sus edificios te transportan al siglo pasado y perderse entre sus calles es una maravilla. Como lo es también el Palacio Real, uno de los más grandes de Europa, y todos los puentes que conectan a la ciudad.

Mención especial, merece Inglaterra, mi segunda casa durante estos meses, viajes de apenas 48 horas, que han merecido la pena y que a pesar de que muchas veces su tiempo nublado me pedía huir de ahí en el fondo me ha acabado cautivando. Castillos dignos de cuentos, campos verdes y una naturaleza que aquí es muy difícil de encontrar.

Y termino este post, desde el exclusivo y maravilloso Abama Ritz Carlton Resort en Tenerife. Un oasis terrenal, un paraíso para toda la familia, donde el trato hace que nos sintamos como en caso y donde su extensa y variada oferta hace que no paremos ni un segundo. Despertarse con estas vistas es un privilegio al igual que lo es cenar en el restaurante del gran Martín Berasategui o jugar en uno de los mejores campos de golf de España. Un viaje de ensueño para despedir el año que os contaré en próximos posts.

Haciendo un recorrido por el 2019 en clave de viajes me doy cuenta que más allá de los kilómetros recorridos, lo más importante que me quedo de cada uno de ellos es la sonrisa que se me escapa y las anécdotas que se me vienen a la cabeza mientras escribo y busco las fotografías que materializan lo mejor de cada viaje, el compartir con los que realmente importan.

 

More from Cayetana Vela

El sérum, el aliado para una piel de lujo

Hay tres pasos básicos que no pueden faltar  en nuestra rutina diaria...
Read More