Transparencias negras con oro

Ya lo dijo Dolce & Gabanna a principio de temporada…mucho color negro, transparencias y dorados….el barroco de la Sicilia más profunda estaba de vuelta.

Y es la tendencia que más se mantiene. Y lo que aún dará que hablar. Sino, veremos.

Personalmente ya os he contado que no sigo todas las tendencias pero a esta sin lugar a dudas, me apunto. Me gusta y me va.

El negro me encanta. Es un color sobrio y al mismo tiempo lleno de magia. Aprendí a quererlo en Nueva York, una ciudad en la que toda persona que se precie de estar en a la moda, no puede dejar de ir vestida de ese color. Ya sea de noche o de día, para ir a un museo o para una gran fiesta, el negro era siempre el color estrella. Al principio me resistía, quizá la juventud me impedía ver más allá pero pronto caí rendida a sus pies y el negro aterrizó en mi armario para asentarse y no marcharse jamás.

Al encaje me aproximé por casualidad. Pero me enamoré y seguimos unidos fielmente por los siglos de los siglos (la fidelidad es la mayor virtud de una persona). Fue un regalo de familia muy especial. Lleno de magia, de significado, y con mucho mucho glamour. Era un encaje artesanal, lleno de historia, de los que no se encuentran habitualmente, y que después de tantísimos años, sigue envolviendo la piel de una forma misteriosa y mágica, cubriéndola de una elegancia que pocas prendas pueden igualar. Sin embargo sólo la utilizaba para las grandes ocasiones….esas fiestas de largo y de smoking….y ahora por fin, desde hace unos años, poniéndome el mundo por montera, con esa seguridad que sólo te dan los años, he dado un paso más. El encaje ha pasado a acompañarme a cualquier hora del día, de una forma o de otra. Creo que será en la madurez cuando tenga el valor de seguir esa tendencia a la que hemos vuelto este invierno y que tan chic me parece, el regreso de las clásicas «redecillas». Nadie como Grace Kelly ha sabido llevarla y actualmente ha sido su nieta Charlotte Casiraghi en la boda de su tío Alberto de Mónaco quien lo llevaba con un estilazo que no muchas pueden ni saben llevar.

Y por último el oro. El oro en todas sus versiones me gusta pero no, el que se lleva ahora como nunca, es el oro amarillo. Una relación de amor odio que ahora pasa por su momento más álgido. El oro ha regresado con más fuerza que nunca. Esas pulseras que ya nunca me ponía y que tenía guardadas en el bául de los recuerdos, herencias de una tía abuela….de repente son joyas de familia que han recobrado todo su esplendor. Ahora sí que sí, parece que iluminan la cara, las manos y el escote llenándolos de glamour. El oro amarillo ya no es sinónimo del paso de la edad. No eres anciana por llevar joyas sino que al igual que las sicilianas a las que evoca Dolce & Gabanna y que hacía referencia al principio del post, regresan con fuerza.

El oro amarillo es fascinante y combina con el negro, con el encaje, de forma increíble. Los tres se unen y desprenden una fuerza increíble. La magia y el glamour regresan.

Y por todo ello son y serán tendencia, transparencias negras con oro. Y podremos verlo en los Oscar próximamente y en otros eventos fuentes de inspiración que nos invitan a soñar a todas y todos…..

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