Descubre Suiran, A Luxury Collection Hotel, un oasis terrenal en el país nipon

Poco a poco os voy desgranando mi viaje a Japón. Dos semanas que saben a poco para descubrir en profundidad un país como este. Un destino diferente que me ha cautivado, entre muchas cosas, por su oferta tan variada y diferente, y es que como os comentaba resultaba paradójico el contraste entre las diferentes ciudades. Mientras Tokio es moderno, urbanita y frenético, más parecido a las grandes capitales mundiales, Kioto es todo lo contrario, más tranquilo y lleno de una naturaleza que atrapa es realmente donde ves y sientes la cultura del país.

Nuestra parada en Kioto fue una maravilla y tiene culpa de ello Suiran, A Luxury Collection Hotel,que durante nuestra estancia fue nuestro hogar y nuestro pequeño oasis donde realmente conocí que es la calma y la paz. Este hotel alejando un poco del centro lleva desde el 2015 ofreciendo un servicio excepcional a sus huéspedes se encuentra en Arashiyama, un pequeño pueblo donde se encuentra un espectacular bosque de bambú y templos seculares que, sin duda, son auténticas joyas arquitectónicas.

Situado a lo largo del río Hozuga y rodeado de bambú, te permite vivir la experiencia de dormir en un antiguo ryokan, alojamiento tradicional, pero sin renunciar al confort más exclusivo. Es un auténtico regalo para los sentidos amanecer con vistas a las colinas que rodean al hotel y el sonido del tranquilo río del que os hablaba.

Como curiosidad, el hotel fue años atrás propiedad de Kawasaki. Sí, el fabricante de las famosas motos.  Con un diseño que se adecua perfectamente a su entorno manteniendo desde el comedor de 1899 que conviven en sus modernas habitaciones, todo ello rodeado de unos imponentes jardines japoneses. Era normal salir a dar un paseo por los alrededores del hotel y encontrarse con un Yuzu, del que sale este cítrico que ha adquirido últimamente mucha fama tanto dentro del mundo gastro como el de la belleza.

La excelencia es evidente en cada una de las esquinas del hotel, cuidado todo con mucho mimo y haciendo homenaje a su cultura con pequeños detalles que marcan la diferencia. De hecho, a nuestra llegada nos esperaban unos preciosos yukata, que son una especie de kimono pero mucho más ligero, y unas zapatillas que nos confirmaban algo que intuíamos y era el sentirnos de lo más cómodos. Desconectar en Suiran es una obligación casual.

Además sus habitaciones cuentan con “onsens” privados, unos baños terapéuticos de aguas termales de origen volcánico que son una maravilla que te acerca al paraíso terrenal más increíble en el que he estado. Además si quieres seguir mimándote con los tratamientos del país nipón en este exclusivo hotel cuentan con un spa de lujo en el que encontrarás tratamientos únicos para el cuerpo y mente.

Como todo hotel de lujo que se precie, Suiran no deja de lado su propuesta gastro, que sin duda, está a la altura de todo lo que le rodea. Su restaurante Kyo Suiran es tan auténtico como cautivador, ahí probamos su conocido menú japonés kaiseki de fusión espectacular. Kaiseki es como se denomina a la alta cocina tradicional japonesa y que sin duda, nos encantó. También cuenta con un restaurante con parrilla Teppanyaki, donde te hacen al momento la carne, el pescado y las verduras, sobre esta plancha de acero que aparte de dejar los alimentos con un sabor delicioso apenas necesita aceite u otro tipo de grasas para cocinar, por lo que además se convierte en una opción saludable, algo que me encanta de la cocina japonesa. Y es que su compromiso por cuidarse tanto por dentro como por fuera parece ser innato.

Un total de 39 habitaciones son las que forman el Suiran Hotel, y  si bien se convierten en el refugio ideal del que no querrás irte jamás, su ubicación es perfecta, ya que a escasos minutos se encuetra el Templo Tenryuji (uno de los templos zen más grandes de Kioto) y Puente Togetsukyo, un imponente puente que cruza el río y del que se puede ver toda Arashiyama, y a apenas 5 minutos andando el bosque de bambú que por un momento parece algo irreal, digno de una película.

Además no puedo acabar este post sin mencionar Mrs. Maruyama, gran culpable de que nuestra estancia sea recordada con tanto cariño y es que sin duda, su profesionalidad, su manera de trasmitir su cultura y su incesante deseo de hacernos sentir como en casa es difícil de describir con palabras. Desde el minuto uno se encargó de que todo estuviese bajo control haciendo que nos olvidásemos y nos dejásemos llevar por todos sus consejos y recomendaciones. Mrs Maruyama es el alma de este hotel que si tienes en mente visitar el país nipón tiene que estar en tu lista de imprescindibles.

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